El Montañismo y el ser montañista

Con frecuencia leo en los foros la sentencia “Un verdadero montañista no hace eso” y siempre se aplica cuando alguien pretende denotar que la acción no pertenece a un montañista, sino a un “advenedizo”, por llamarle de alguna manera por el momento. Es una forma de descalificar a otro subiéndose a un pedestal que eleva a quien critica, pero un pedestal que no está definido claramente.

Me pregunto si alguien está dispuesto a definir lo que es un “verdadero montañista”. De seguro todos estaríamos en desacuerdo.

Hoy el montañismo es una actividad de masas, deporte para uno, pasatiempo para otros, pero es masivo y lo que es el montañismo para mí, puede no serlo para muchos más. De ahí que haya ahora “códigos de montaña”, para indicar por dónde debería ir cada quien para una mejor convivencia en la montaña.

Así que el “verdadero montañista” viene siendo una especie de utopía, quizá originada en el alpinismo clásico y del que Lionel Terray hace una crítica puntual (refiriéndose al oficio de guía):

“Los libros y la prensa han alabado generosamente las virtudes del oficio de guía; suele decirse que es «el más bello oficio del mundo», lo cual es una fórmula vacía que he visto aplicar a muchas otras profesiones… En esta literatura folletinesca que recuerda un poco la prensa del corazón, al guía se le atribuyen siempre innumerables cualidades; no solamente su capacidad de vencer a la montaña es sobrehumana, sino que además es valeroso, fuerte, bueno, honrado y generoso. Éstos no son más que bonitos adjetivos. No hay en este mundo nada tan sencillo y los guías no son más que hombres; por esta misma razón, no pueden tener tantas cualidades y virtudes… no conozco ninguna obra que hable de nuestro trabajo de una forma verdaderamente objetiva e incluso verosímil.” (Los conquistadores de lo inútil, p. 209)

Nos enojamos porque la gente deja basura en la montaña, porque destroza árboles o arbusos, porque ahuyentan a los animales, porque las multitudes llegan a esos lugares donde antes muy pocos llegaban. Pero me sorprende que pocos se enojen de que la gente tire basura en la calle o destroce los árboles de los parques o pise el césped o moleste a los animales en la ciudad. ¿Por qué esa diferencia? Si apreciamos “la naturaleza” (lo que sea

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